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Neolítico

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En este período se sofistican los instrumentos de caza, redes, lazos, azagayas y propulsores para flechas con punta de sílex.

Los utensilios en piedra de este periodo son de una gran variedad y muy especializados (leznas, raspadores, grabadores) fabricados principalmente sobre hojas y láminas (esto es, lascas largas, estrechas, delgadas y con filos paralelos, extraídas probablemente de un nódulo golpeado con un punzón y percutor, más que de forma directa con un martillo).

La Sierra de Segura presenta una características muy interesantes, porque facilita la construcción de cuevas a una altura suficiente como para estar a salvo de posibles ataques tanto de animales salvajes como de otros grupos humanos invasores.

La Cueva del Nacimiento, en Pontones, ha sido utilizada en diferentes épocas desde finales del Paleolítico hasta el Neolítico Final. Se puede diferenciar cada período por los restos de herramientas de diferentes materiales y formas en que están fabricadas, así como los restos de animales que se encuentran en ella. Las dataciones pueden ser de 4.380 años, la más antigua, o de 3.450. En el Neolítico Final hay restos de cerámica lisa en la que predomina la fauna doméstica sobre la salvaje, y puede ser que estemos ya en el año 2.040 a.C. También en Pontones se encuentra la cueva llamada "Cañada de la Cruz" de unos 25 m2 por 5 de altura.

 

En ella se encuentran pinturas rupestres que representan formas humanas en posición de lucha y escenas de caza, además de signos esquemáticos de difícil interpretación. ¿A qué se dedica el hombre en estos años? Como se puede deducir de los restos encontrados, primero, a la caza de animales salvajes y a la domesticación después. Para poder cazar y preparar la carne y todos sus derivados: pieles, huesos, etc., ellos mismos tenían que fabricarse sus propias herramientas.

 

Además es un terreno propicio para la caza y el pastoreo, más que para la agricultura. Aquí se criaban cabras y cerdos con la rica bellota de los inmensos bosques de encinas, con la que también fabricaban harina. Las poblaciones crecían al aire libre en las cercanías de los ríos.

En la Sierra de Segura se han encontrado muchos restos de esta época: un cráneo trepanado y cerámica en los enterramientos del Cerro de la Coja, en Orcera o un cementerio excavado en una cueva artificial en Hornos, fechada hacia el 4.830 a. C.

Los yacimientos de Atalaya y Cerro del Utrero corresponden a la cultura de El Argar. En la Atalaya, ocupada a través de los siglos, existen manifestaciones de piedras talladas y pulidas, así como enterramientos en tinajas y representaciones de la Diosa de los Ojos.

Existen también monumentos megalíticos como el dolmen que llaman Piedra de la Virgen. Los dólmenes eran enterramientos colectivos, compuestos de una cámara central precedida de un corredor adintelado y todo sepultado bajo un túmulo artificial. Este tipo de construcciones eran costosas y aunque su motivo era religioso parece querer demostrar cierto poder económico por parte del constructor.

La Peña Hincada, un antiguo mehnir; la Piedra del Sombrero, y otro dolmen en la cueva del Engarbo, en Santiago de la Espada. Los tres monumentos marcan la dirección este-oeste.

Datada sobre el III milenio a.C, La Cueva de la Diosa Madre del Poyo de los Letreros en Parolís, término de Segura de la Sierra, es un paredón inaccesible, excavado a 950 metros de altura, donde aparecieron pinturas rupestres en rojo: una serie de ídolos con ojos de pequeño tamaño, del mismo tipo que se han encontrado en Persia y Mesopotamia, que tienen sin duda carácter religioso.

Otros yacimientos son la Cueva de los Caballos en Torres de Albanchez y en Benatae la Cueva del Águila en el Cortijo de los Lagartos, sobre el río Guadalimar, de donde proceden algunos microlitos, pequeñas piezas de sílex que son frecuentes en la etapa Mesolítica (período entre la última glaciación y el Neolítico).

Durante la Edad del Bronce se produce una densa ocupación en Benatae: La Hortizuela Alta, el Cerro del Pino, el Cortijo Salado, Cerro de los Castellones, y posiblemente el Cortijo de la Molata.

Son asientos excavados a ambos lados del río Guadalimar y a una altura de 700 u 800 m respecto a la base del río. De ellos La Hortizuela Alta, el Cerro del Pino y el Cerro de los Castellones presentan trazas de fortificación, lo que indica que los habitantes del valle del Guadalimar del II milenio a.C. tenían que defenderse de otras poblaciones.

También durante la Edad del Bronce, se han encontrado en Beas de Segura poblados elevados como el del Cortijo de los Cuatro Vientos o Bretaña. En la vega, el de Cornicabral, muy cerca del río Guadalimar existen rasgos que demuestran que era una sociedad que tenía su base económica en la agricultura y la minería.

En el Neolítico se produjo la aparición de los primeros poblados con casas edificadas con diferentes materiales: adobe en el Oriente Próximo y grandes troncos de madera en Europa central y occidental.

Las razas de estas épocas Neolítica y Eneolítica pertenecían al núcleo ibérico, aunque con las emigraciones célticas se produce cierto mestizaje sobre la población de la Sierra de Segura.

Estas razas se dedicaron durante mucho tiempo a la caza y a la ganadería y a la fabricación de herramientas de utillaje y de caza, que con el tiempo y el descubrimiento fortuito de la metalurgia se convertirán en armas de defensa y ataque contra otros hombres. Y con las armas la vida se complicó.

Algunos sectores dominantes se harán con la mayor parte de los yacimientos y medios de producción y someterán a los débiles, creando un sistema de clientelismo entre pobres y ricos que ha llegado hasta nuestros días.