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Oficios tradicionales de la Sierra de Segura

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ARTESANÍA

En la actualidad la producción artesanal aún pervive en los pueblos serranos que han logrado preservar tradiciones e incluso incorporar o recuperar recientemente algunas actividades aprovechando la demanda del turismo, pero lamentablemente otros antiguos oficios han desaparecido:

  • Carpintería y ebanistería: muebles, accesorios y enseres domésticos realizados artesanalmente en las localidades como Beas de Segura, Orcera, Santiago-Pontones.
  • Confección de mantas : se tejen artesanalmente en Santiago-Pontones.
  • Cerámica: Aunque hasta hace poco tiempo no había una tradición en cuanto a la elaboración de cerámica, ya que la composición de los suelos de estas sierras está dominada por la caliza, en los últimos años un continuo asentamiento en estas sierras de artesanos procedentes de otros lugares, ha activado este tipo de producción artesanal.
  • Cuero
  • Farfolla
  • Mimbre
  • Esparto
  • Destilación de plantas aromáticas
  • Chacinas y embutidos
  • Productos agroalimentarios como la miel, las conservas, etc, agricultura biológica.

Muchos de estos artesanos han constituido asociaciones, como "El Acebo", "Productos naturales y ecológicos", etc.

Antaño el rasgo principal de la artesanía de la comarca era su carácter utilitario, ya que se empleaba principalmente para elaborar aperos de labranza y utensilios domésticos.

En la artesanía de nuestra comarca se destaca la forja, el mimbre, la madera, el esparto y los telares.

Oficios en su mayor parte perdidos, pero muy comunes en otras épocas eran los de:

  • Bordadoras
  • Boteros
  • Hojalateros (Fabricación de cacharros de chapa y hojalata como recipientes para el aceite; alcuzas, cántaras, zafas, cuarterones, panillas, etc)
  • Morilleros (recaderos)
  • Talabartero, Albarderos, Guarnicioneros, (fabricación de aperos para animales; albardas, lomillos, bozales, ropones, cinchas, anteojeras, etc.)
  • Traperos, etc.
  • Picapedreros

 

OFICIOS DEL BOSQUE

Desde tiempos inmemoriales la Sierra de Segura, la masa boscosa más amplia de la Península, ha sido un lugar rico en recursos forestales, aprovechándose todos los productos derivados del bosque, pastos, apicultura, setas, betunes o alquitranes vegetales, plantas aromáticas y condimentarias, mantillos, frutos, caza, pesca, líquenes -pelusa-, carbones vegetales, leñas y muy especialmente, maderas.

EXPLOTACIÓN FORESTAL · LAS MADERADAS

Desde la época musulmana se tienen noticias de los aprovechamientos y transporte de madera a través del río Segura y Guadalquivir.

En toda la comarca, las actividades derivadas de los aprovechamientos forestales han constituido históricamente una de las mayores fuentes de ocupación laboral de los serranos.

De todas ellas, el aprovechamiento de la madera, por sus connotaciones económicas, ha sido el más importante de cuantos se han realizado en estas sierras. Los trabajos derivados de la explotación maderera son un amplio conjunto de actividades, profesiones y oficios que podrían incluir tanto al leñador como el ingeniero.

Entre los diversos oficios destacan:

Aserraores. Cortar árboles, aserrar madera. Dedicados durante gran parte del año a talar, pelar y trocear la madera.

Hacheros. Labrar las piezas. Miden, señalan el lugar de la corta y supervisan todo el proceso hasta la medición de los tablones.

Pelaores. Pelar troncos

Ajorraores . Sacar troncos y madera del monte

Pineros . Trasladar madera por ríos. Es el sector más numeroso y muchas familias de la sierra vivían de los ingresos de ellos.

El trabajo estaba bastante jerarquizado: un maestro de río dirige la navegación.

El mayoral de lantera prepara el cauce para que la madera pueda navegar libremente. El mayoral de zaga va encauzando las maderas que quedan retrasadas. Las cuadrillas de pineros son los que ejercen el trabajo más duro.

Luego están los pinches, aguadores, hateros, que prestan el servicio de intendencia durante el tiempo de navegación, consistente en migas de pan, ajo de pan y sopas de pan, a veces arroz o garbanzos.

Las navegaciones también generan trabajos indirectos en los lugares de destino de la madera.

El transporte de madera en rollo y en traviesas para el ferrocarril se hacía con bestias de arrastre hasta el cauce de los ríos.

Por el Guadalimar a la estación de Baeza-Linares y las que lo hacían por el Guadalquivir, a Jódar; y las que iban por el río Segura, a la Estación de Calasparra (Murcia).

Resineros . Resinar los pinos

Mereros . Elaborar y vender miera o resina

Leñadores . Hacer y vender leña

Carreteros . Portear madera en carretas

Arrieros . Portear madera en bestias

Pegueros . Elaborar alquitrán y pez

Aladreros . Construir carros y carretas

Carboneros . Fabricar carbón

Los aserraores, como los demás oficios, tenían sus ciclos a los cuales se adaptaba la forma de vida. Dividían el año en cuatro épocas, separadas por las fechas de Feria, Pascua, Semana Santa y San Juan. Cuando llegaban a la sierra en la época de engancharse al tajo, se sorteaban los tronzones y cada cuadrilla se instalaba en la demarcación que le había tocado.

A continuación se levantaban los chozos, resistentes al frío y la ventisca.

La faena duraba tres o cuatro meses, durante los cuales cada ocho días llegaba el hatero con las provisiones.

Los ajorraores con sus pértigas y parejas de mulos recién herrados, bajaban los troncos por las escarpadas laderas del monte a los caminos o carriles en donde se podían cargar.

El conjunto de operaciones que integran un aprovechamiento maderero parte del apeo o derribo manual, con toda una extensa batería de herramientas manuales entre las que destacan hachas y sierras.

Tras el apeo se procede al desramado y despunte (pelar el pino), labor que aún se hace mayoritariamente con hacha y realizaban los pelaores.

Queda el pino preparado para el tronzado y su reunión y apilado para el transporte o desembosque o saca de la madera. Esta tarea se realizaba con caballerías que ahora, aunque se siguen empleando han sido sustituidas por grandes tractores de cadenas.

En lugares de difícil acceso se han usado desembosques mediante cables aéreos.

La recogida de la madera resinosa ha sido desde tiempos remotos una actividad muy ligada a la necesidad de iluminación. El pinus pinaster es la especie más resinera, es de color verde oscuro, con denso follaje y acículas largas. También se denomina a la resina miera por los naturales de la comarca. El nombre de resinero lo recibe quien se dedica a extraer la resina de los pinos del monte, que normalmente era un campesino que compartía esta actividad con la agrícola.

No son pocos los topónimos serranos que incluyen la palabra peguera, reflejo de una actividad muy extendida.

Las pegueras eran unos hornos para la extracción del alquitrán vegetal o pez situados en lo más hondo y feraz del bosque donde asegurarse materia prima copiosa: la tea del pino. El trabajo era desarrollado en dos temporadas: primavera y otoño.

El carboneo fue siempre en estos contornos una actividad artesanal más. Una dedicación cuyo producto tenía como salida principal los consumos domésticos o de pequeños talleres particulares.

Con la mecanización de las extracciones y la industria química, poco después de la guerra civil, la intensidad de estas labores forestales se va a ir debilitando terminando por desaparecer. Hoy en día estamos ante una práctica abandonada.

OTROS APROVECHAMIENTOS DEL BOSQUE

El bosque presenta además del forestal, una gran gama de aprovechamientos (con su capacidad de generar empleo) que o se han perdido o están en vías de desaparición.

Derivados de los restos de los pinos en la Sierra se explotaban diferentes substancias, como la pez y el alquitrán. Todavía hoy pueden verse las pegueras, los lugares donde se sometía a combustión durante varios días los residuos de la madera para obtener el alquitrán.

Otros aprovechamientos importantes son los derivados del matorral.

Productos para medicina, perfumería o cosmética. Esencias de romero, espliego, lavanda y mejorana. Y recolección de setas en otoño.

Todos estos medios de producción generan un gran movimiento entre los habitantes de la Sierra y ayudan al mantenimiento de la economía familiar.

Entre otros podemos nombrar a:

Alimañeros . Cazar alimañas
Esencieros . Destilar esencias de plantas aromáticas.
Aperadores . Hacer aperos de labranza
Cadiceros . Sillero, fabrica sillas
Cuchareros . Hacer cucharas y utensilios
Seteros . Recolectar setas silvestres


Pastores . Criar y guardar ganados
Herbolario . Recoger hierbas medicinales
Caleros . Otra faena de mucha importancia y calidad la constituía la producción de cal
Cazadores . Capturar y matar animales
Pescadores . Capturar peces en los ríos
Guardas . Vigilar el monte
Carpinteros . Trabajar la madera
Mieleros . Explotar colmenas de miel
Peluseros . Recoger la pelusa (liquenes) de los pinos

 

POZOS DE NIEVE

Un trabajo ya desaparecido hace años es el de los pozos de nieve. Comenzaba a finales del invierno o inicios de primavera con la últimas nevadas -dicen que la nieve de marzo era la mejor porque su textura y el ser tardías les permitía llegar mejor hasta el verano-. Durante varios días cuadrillas de hombres se encargaban de recoger la nieve mediante espuertas y capazos y llevarla al interior de los pozos donde con la ayuda de grandes mazas de madera era prensada y compactada hasta convertirla en hielo.

Este duro trabajo solo podía ser soportado mediante frecuentes descansos ante una hoguera que permanecía todo el día encendida en la pequeña choza de piedra que se construía junto a casa pozo de nieve.

Una vez lleno el pozo el preciado elemento se aislaba del exterior mediante una gruesa capa de material vegetal (sobre todo aulaga morisca) y otra superior de tierra arcillosa apisonada. El pozo quedaba así sellado hasta el momento de abrirlo. Ya en verano, cada conjunto de pozos contaba con un encargado que pasaba casi todo el tiempo junto a ellos con la misión de vigilarlos y de vender la nieve.

Bien caída la tarde se abría el pozo y la nieve era cortada en grandes bloques, que se metían en serones especiales, totalmente recubiertos de una fina paja llamada tamo que hacía de aislante. Una vez preparada la carga, ésta se disponía a lomos de fuertes caballerías y era transportada por los arrieros.

El transporte se realizaba siempre durante la noche para evitar las altas temperaturas, manteniéndose bien aislada y en lugar fresco durante el día si el viaje así lo requería por la distancia. Ni que decir tiene que en los casos en que así ocurría los pesos de salida y llegada del producto llegaban a tener importantes diferencias.

 

MATANZA

Las matanzas que movilizaban, y lo hacen aún, cada otoño a cientos de personas que recorriendo las veredas de cortijo en cortijo se prestaban una valiosa ayuda. La matanza proveía de carnes, embutidos y grasas la despensa; aseguraba la comida para el año siendo en tiempos no muy pasados una forma fácil de abastecerse y clave en la economía del hogar.

En vísperas de la matanza se preparaban los avíos de aliños graduados según las arrobas del cerdo que se sacrificaba: pimentón murciano, pimienta blanca y negra, cominos, orégano, canela, ajos, pimientos secos, muchas cebollas, almendras, clavo, huevos, pan mollúo, perejil, sal,... Se adquirían mazos de tripas en sal que eran sometidas a un laborioso lavado en los arroyos, se limpiaban las calderas, la maquinaria embutidora de tracción manual, los embudillos, el camal, los lebrillos y orzas, las tenazas, las rodillas (paños), los ganchos, las latas para colgar, las calderas,... Se afilaban los cuchillos, se apilaba la leña...

Hay tres días en el año que se llena bien la panza, jueves santo, viernes santo y el día de la matanza.

LA TRASHUMANCIA

Desde hace siglos, la ganadería ha sido una parte sustancial de la economía segureña y ha modelado los paisajes de la comarca.

La profesión de pastor, transmitida y aprendida bajo el sol y la nieve, alrededor de la hoguera o en el mesón trashumante, es todo un arte que requiere temple, observación, paciencia y capacidad de sacrificio.

Gracias a los pastores se mantienen, no sólo una importante actividad económica, sino un complejo conjunto de saberes que siguen presentes en la paridera, el esquileo o la trashumancia, así como en cada aprisco, cada tornajo y cada refugio de pastores.La ganadería de la comarca está protagonizada por la oveja de raza segureña, una de las razas ibéricas oficialmente definida, que es explotada en régimen extensivo aprovechando los pastos de las zonas altas de la Sierra.

Los rebaños no suelen tener muchas cabezas y son pastoreados por los mismos propietarios y sus familiares. Es frecuente que un pequeño número de cabras forme parte del rebaño, para proveer de leche a la familia y amamantar a los corderos que proceden de partos gemelares.La producción está orientada a la carne, sobre todo a la venta de corderos.

La actividad ganadera se concentra en la zona sur de la comarca, especialmente en el municipio de Santiago-Pontones, cuyas características ambientales son propicias para ello. En las épocas más duras del invierno, cuando los pastizales están helados o cubiertos por la nieve, suele ser necesario complementar la alimentación del ganado con alfalfa y cebada.En cuanto al ganado caprino, destacan dos razas autóctonas, la Negra Serrana y la Blanca Celtibérica, ambas también perfectamente adaptadas a nuestro entorno.

Cada invierno, desde hace siglos, una parte importante de la cabaña ovina segureña emprende el largo camino de bajada hacia los pastaderos de la Sierra Morena jiennense y manchega, donde pasan varios meses alimentándose de los pastos propiciados por la benignidad del clima invernal de las tierras bajas.

Cuando la primavera esté cumplida y agotados los pastos de esas zonas, harán el camino de vuelta a sus agostaderos de origen, donde los pastos comienzan a estar crecidos y jugosos y les alimentarán hasta el verano.

La mayor parte de los rebaños trashumantes son del municipio de Santiago-Pontones, donde esta actividad es tan antigua, que en Sierra Morena se conoce a todos los pastores segureños como "pontoneros". Las distancias recorridas oscilan entre los 150 y los 300 kilómetros, durando el viaje de 7 a 10 días. Las condiciones de trabajo para los pastores durante los trayectos de ida y vuelta son muy duras: largas caminatas bajo toda clase de inclemencias meteorológicas, vigilancia continua del ganado, atención a las diversas incidencias que van surgiendo y noches durmiendo en tinadas, descansaderos o al raso, haciendo turnos de guardia para evitar que el ganado escape.

Viajar hasta donde hay alimento disponible en cada época del año, aprovechando la complementariedad climática de las zonas altas y las bajas, es un ejemplo de desarrollo sostenible y de aprovechamiento ecológico de los recursos, que hay que conservar y fomentar.

Frente a la estabulación permanente o temporal, que requiere llevar el alimento a donde está el ganado, la trashumancia hace lo contrario, evitando la compra de piensos compuestos, que son caros y cuya producción y transporte conlleva fuertes gastos de agua y energía.

Además descarga a nuestros montes de una parte del ganado durante varios meses permitiendo la regeneración de los pastos, aliviando la constante presión sobre la vegetación y disminuyendo la competencia con la fauna silvestre por el alimento.

Actualmente, su continuidad está amenazada por los altos precios de arriendo de las fincas de Sierra Morena, la escasez de mano de obra debido a la dureza de las condiciones de vida trashumantes y las malas condiciones en que se halla parte de la red de caminos por los que se desplazan los ganados.

Las vías pecuarias son los caminos utilizados por el ganado desde la Edad Media para trasladarse y alimentarse durante sus desplazamientos trashumantes. Su anchura puede alcanzar hasta los 75 metros y en toda España forman una extensa red de 124.000 kilómetros de longitud. Aunque históricamente han sido degradadas de muchas formas, la legislación actual ha consolidado su carácter de propiedad pública, por lo que su ocupación y destrucción es ilegal.

Las vías pecuarias segureñas son un patrimonio de extraordinario valor, porque sin ellas no sería posible la trashumancia, por su valor histórico y cultural, y por ser un importante recurso turístico y educativo.

La red de vías pecuarias tiene en el interior del Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, una longitud de 741 kilómetros y una superficie de 2.242 hectáreas.

 

HUERTA SERRANA

Las zonas dedicadas tradicionalmente a la horticultura se encuentran a lo largo y ancho de toda la comarca de la Sierra de Segura, localizándose en los valles y en las navas. Estos cultivos dedicados al consumo familiar, se vienen desarrollando de forma frecuente desde las primeras poblaciones neolíticas, con una fase de fuerte consolidación en la época árabe, configurando un paisaje rural diversificado. Aunque actualmente muchas de estas huertas se encuentran abandonadas, gran parte de las que se ponen de nuevo en aprovechamiento se dedican al cultivo ecológico.

El hombre siempre estuvo presente en estas zonas, de modo que a lo largo de los principales ríos y arroyos de esta sierra, podemos apreciar hermosas huertas, donde se conservan con su originaria fisonomía estas zonas de cultivo, con un marcado carácter de economía de subsistencia, ya que los habitantes de estos lugares dependían prácticamente de lo que se producía en estos terrenos, por lo que se han utilizado y aprovechado al máximo, con un perfecto conocimiento de la agricultura, las más tradicionales técnicas de cultivo y de lucha contra plagas y enfermedades.

La preparación de la tierra, la siembra, las plantaciones, el seguimiento de los ciclos de las plantas y la recolección son experiencias sin incógnitas para el serrano. No son pocos los saberes que encierra: conocer las condiciones ambientales, clima, suelo; la dirección de los vientos dominantes de la región y sus velocidades para amparar "el hortalucho" por medio de setos y cortavientos; preparar y proteger los semilleros y plantas.

Las hortalizas requieren por lo general un clima calido-templado, de ahí que se elijan terrenos expuestos al mediodía o poniente, nunca al norte porque ellos saben que la luz es un factor esencial para el crecimiento en las plantas; para el replanteo del huerto se eligen las zonas más iluminadas de la parcela. Debido al tamaño de las parcelas, a su situación lejos del cortijo y muy empinada, al tipo de explotación de autoconsumo, la mecanización está lejos de producirse. El "coche de sanfernando" o el "dos celindros" son los ejemplos. Ambas hacen crujir "los muelles de la vida" dicen los "labraores": la azada, el arado de tracción animal, el escavillo, pico y pala, etc.

Pero donde el serrano demuestra su sabiduría de siglos es en el trazado de los "caballones": la patata, la habichuela, la remolacha, el pimiento; cada planta requiere un tipo y todos calculados para que la inclinación del terreno permita su riego por inundación con facilidad.

Por lo general son huertas orgánicas, naturales y económicas que apenas introducen abonos que no sean naturales ("basura" de oveja) porque son expertos en tres principios fundamentales: Asociaciones de plantas, rotación adecuada y abonos orgánicos.

En estos recoletos y quebrados terrenos parece haberse logrado conciliar propósitos estéticos, ecológicos y recreativos: desde ellos contemplamos el espectacular paisaje circundante de montañas y el estrecho valle que anuncia la proximidad del arroyo, regato o fuente próxima. Chopos, nogales, manzanos, perales, cerezos, membrillos, zarzas, mimbres rodean el hortal: la patata, el boniato, calabacín, calabaza, pepino, acelga, garbanzo, habas, cardo, tomate, pimientos, lechuga, brécol, escarolas, fresas, cebolla blanca, ajos, coles, berza, coliflor, habichuela moruna, mocha colora y blanca, remolacha, perejil y rábanos. Esparcidos, crecen el orégano, la mejorana, rabo de gato, poleo y muchos más.

Uno de los árboles más abundantes es la noguera. Las producciones van encaminadas a la obtención de madera, nogalina y nueces. Mención especial merece la nuez serrana que por el sabor y calidad de su fruto ha alcanzado cotas importantes de mercado tanto en el comarcal como fuera de él en la zona de Murcia y del Levante español.

AGRICULTURA DEL OLIVAR

Desde la época romana se tiene constancia de la existencia de explotaciones olivareras en la Sierra de Segura. En los s. IX-X, los árabes extienden los cultivos al Alto Guadalquivir y es tras la Reconquista por los reinos de Castilla y Aragón, desaparecidas las motivaciones defensivas, cuando la agricultura y más específicamente, el olivar se extiende en los valles de las zonas bajas de la sierra, con terrenos fértiles y llanos, principalmente en los actuales municipios de Arroyo del Ojanco, Beas de Segura, La Puerta de Segura, Puente de Génave, Génave y Villarrodrigo, que se corresponden con las zonas menos montañosas de la comarca. En las zonas montañosas este cultivo siempre estuvo limitado por medidas reglamentarias, debido a la importancia que los aprovechamientos forestales tuvieron hasta mediados del s. XX.

Actualmente el olivar es el soporte fundamental de la economía de la Sierra de Segura, que produce uno de los mejores aceites del mundo.

El calendario de faenas olivareras, como el laboreo, el abonado, la poda y sobretodo la recolección, marcan los ciclos de actividad de la sociedad segureña, profundamente impregnada por la cultura del olivar. Pero en las vegas de nuestros ríos, aunque pequeñas, también se cultivan hortales y frutaledas que alegran el paisaje y el paladar.

Aunque la oliva es antigua en la comarca, su gran expansión se produce desde principios del siglo XX, en detrimento de los antiguos cultivos de cereales, así como de los pastos, bosques y matorrales que cubrían muchos montes, que fueron roturados hasta la última hectárea donde su cultivo era posible, aunque a menudo poco rentable.

El olivar ocupa en la actualidad el 78% de las tierras labradas, las olivas segureñas trepan por acusadas pendientes, se cultivan en todos los términos municipales, siendo en el de Santiago-Pontones en el que menos importancia reviste.

El olivar segureño no produce una gran cantidad de aceite, pero sí de gran calidad. El aceite de oliva tiene efectos beneficiosos para la salud: protege los sistemas circulatorio y digestivo, previene el envejecimiento prematuro, cuida la piel y regula el colesterol.

A todo ello, el aceite virgen extra segureño añade una extraodinaria resistencia al enrranciamiento, por lo que su conservación es más duradera y un excelente sabor -intenso y ligeramente amargo- que traslada a toda clase de guisos y ensaladas.

Pero, poco a poco, se ha ido avanzando en la rentabilización del producto, a través del envasado con marcas propias y una comercialización adecuada, con lo que se va consiguiendo que nuestro aceite sea más conocido, más valorado y por tanto, pagado como se merece. Pieza clave en este proceso es el papel jugado por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Sierra de Segura, organismo que garantiza la calidad de las producciones que se someten a su control. Es obligado, por ejemplo, separar durante la recolección la aceituna que está en el árbol de la que ya ha caído al suelo, así como molerla el mismo día que se recoge. La acidez es siempre inferior al 1%.