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Arquitectura tradicional

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VIVIENDA TRADICIONAL SERRANA · CORTIJO, CORTIJADA

La vivienda tradicional serrana, al igual que en otras comarcas, está ralacionada con las actividades económicas y las formas de poblamiento. Se trata de edificaciones que se localizan en un medio concreto muy distinto al urbano, con poca población y una dedicación fundamentalmente agro-ganadera y/o forestal.

Cuando rememoramos términos como toba, caliza, madera, teja árabe y cal, estamos recordando los materiales de construcción que los habitantes de la Sierra de Segura han venido utilizando desde tiempos remotos para construir sus viviendas.

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Lo que hoy llamamos arquitectura tradicional es el arte con que el serrano ha utilizado esos materiales para construir su vivienda y las estancias donde guardar sus animales, siguiendo métodos muy elaborados transmitidos de generación en generación.

La vivienda serrana, como norma general, es de planta rectangular y tiene gruesos muros que oscilan entre 50 y 70 cm, hechos con piedras y tobas unidas con argamasa, lo que sirve de protección contra el calor veraniego y contra el frío del invierno.

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La superficie de este rectángulo oscila entre los 25-35 metros de ancho por 30-40 de largo. En la planta inferior se sitúan por lo general tres estancias que se encuentran alineadas:

  • La primera es una cocina-comedor, donde se sitúa la puerta de acceso a la vivienda y que tiene una o dos ventanas no muy grandes. En esta cocina-comedor se encuentra el hogar o chimenea, que tiene la doble función de calentar la habitación en invierno y de servir para guisar la comida y calentar el agua. En la mayoría de las viviendas, a ambos lados de la chimenea hay dos alacenas empotradas en la pared, donde se guardan los útiles de cocinar. A veces en uno de estos huecos se situaban las cantareras con el agua que se traía de la fuente.
  • Las otras dos estancias son sendos dormitorios, uno para el matrimonio y otro para los hijos. Cuentan con pequeñas ventanas de ventilación y son muy austeros, pues en ellos solo hay una cama y un arcón para guardar las ropas.

De uno de los dormitorios parte la escalera que da acceso al piso superior, donde se encuentra la cámara.

El techo de esta planta es de altura descendente, o como hoy decimos, abuhardillado, debido a que el tejado se hace inclinado, generalmente a un agua, para que corran las aguas de lluvia. Esta cámara tiene una o dos pequeñas ventanas para airear la estancia, donde se curan y guardan los productos de la matanza.

El techo de la cámara se encuentra sin enlucir, quedando a la vista los rollizos de madera que hacen de vigas y los tablones de madera colocados encima de estos.

Finalmente, sobre los tablones se disponen una capa de barro y las tejas.

Junto a las estancias humanas, pero separadas por un muro y con entradas independientes, se situan las cuadras para el ganado, que disponen de pesebres para mulos y asnos. En algunos cortijos estas cuadras se encuentran separadas de la vivienda, frente a esta o a un lado de la misma.Otras construcciones del cortijo separadas de la vivienda familiar son los corrales y apriscos para las cabras y ovejas, la cochinera para los cerdos o "gorrinos" y el gallinero.

En nuestros pueblos han existido diferencias sociales muy marcadas que se reflejan perfectamente en el modo constructivo, apareciendo tipologías y materiales que de alguna manera confirman el mayor o menor nivel económico de sus moradores.

Por otro lado se pueden apreciar casas de verano o viviendas secundarias de familias urbanas que eligieron el pueblo natal para poseer una vivienda en el campo. En nada se asemejan a las de sus alrededores e intentan reproducir tipologías urbanas en un medio de características bien distintas.

Esta consideración la deberá tener muy presente aquel que recorra nuestros pueblos y aldeas, porque sólo así se podrá entender el verdadero valor que tiene la humilde arquitectura rural que desgraciadamente adorna cada vez menos en nuestras calles, plazas, aldeas y cortijadas.

 

ELEMENTOS ARQUITECTÓNICOS EN LA VIVIENDA TRADICIONAL

ALEROS. Son la parte exterior del tejado sobresaliente del muro que conforma la fachada, con el objeto de conducir las aguas provenientes de la lluvia.

ANTOJANAS. Se trata de una especie de porche adosado a la fachada principal de la vivienda y sostenido por dos pilares, generalmente cuadrados, a base de piedra. En algunos cortijos aparece este elemento como protección contra la lluvia, la nieve y el sol.

ARCOS. Conjunto de piedras dispuestas unas junto a otras, con el objeto de salvar un vano trasmitiendo los empujes a los muros. Estos arcos se dan con mayor frecuencia en algunas construcciones de los núcleos urbanos, con buenos ejemplos en Segura de la Sierra, siendo los más abundantes los de medio punto y los rectos.

BARANDILLAS. Elemento situado en balcones y ventanas, realizado en madera torneada, del que quedan escasos restos en la sierra. Una de estas barandillas se encuentra en una casa de Santiago de la Espada cercana al Ayuntamiento.

CARPINTERÍAS. Constituyen los elementos realizados en madera de puertas, ventanas y vigas de los antiguos cortijos. Las puertas y ventanas están realizadas con sencillez a base de gruesos tablones entramados entre sí. Característica común a las puertas de las viviendas serranas es su división en dos partes a media altura, lo que permite tener abierta la mitad superior y cerrada la inferior, para evitar la entrada de animales a la casa.

En los conjuntos histórico-artistícos, como es el caso de Segura de la Sierra y Hornos de Segura, existen bastantes puertas y ventanas de madera que aparecen con diversos detalles labrados, a veces de gran belleza.

CORNISAS. Recrecido con el que se rematan los muros del edificio y que sobresale de estos, uniéndose a la cubierta.

CHIMENEAS. Son un elemento esencial en la vivienda serrana. Sobresalen poco del tejado y suelen ser de forma cuadrada y rematadas con ladrillos, formando a veces un pequeño tejadillo a dos aguas con teja árabe.

DINTELES. Elemento por lo general liso realizado con una viga de madera de pino, que atraviesa un hueco o vano de ventanas y puertas y sobre el que se apoya el muro.

ESCUDOS NOBILIARIOS. Son el vestigio del paso de la nobleza por estas sierras, sobre todo en la época santiaguista. La mayor parte de estos escudos se encuentran en poblaciones como Segura de la Sierra, Hornos de Segura, Orcera, etc. y suelen estar realizados sobre piedra caliza.

HERRAJES. Constituyen un variado conjunto de elementos entre los que destacan las rejas de ventanas y balcones, cerraduras, asideros y llamadores de puertas, etc.

JAMBAS. Elemento que aguanta el peso del dintel de una puerta, situadas a ambos lados del hueco de la puerta.

 

ANEXOS DE LA VIVIENDA TRADICIONAL · HORNO DE PAN, ERAS DE TRILLAS, FUENTES Y LAVADEROS, LAGARES

En las aldeas y cortijadas de la Sierra de Segura existen infraestructuras de uso común para diferentes familias de una cortijada.

LAS ERAS para trillar el grano, se sitúan sobre terrenos por lo general altos y bien ventilados para aprovechar el efecto del aire y facilitar el aventado del producto resultante de la trilla. Son casi siempre de forma circular y su suelo está realizado con cantos rodados, perfectamente colocados como si de un mosaico se tratara. El suelo queda áspero y firme, muy adecuado para extender la mies y proceder al trillado.

EL HORNO DE PAN, construido a base de piedra y barro y con el interior de forma abovedada, revestido casi siempre de toba y barro. Se puede encontrar sobresaliendo de los muros de la vivienda a la que está adosado, o más frecuentemente, como una construcción independiente entre otros edificios del cortijo.

La planta de estos hornos suele ser de forma circular o cuadrada y se cubren con un tejadillo teja árabe de única vertiente.

Existen también hornos exentos que, conservan su planta cuadrada, pero se rematan exteriormente en forma semiesférica.

Construidos con piedras de tipo laja, van reduciendo el diámetro de las hileras hasta coronarse con una clave que remata la obra.

La plataforma o base interior del horno sobre la cual se colocan los panes para su cocción, está normalmente formada por una capa de grandes ladrillos asentados sobre una superficie de sal. Ésta al calentarse se funde y une los ladrillos.

La boca en semicírculo se cerraba con una portezuela atrancada por un madero que se apoya en el suelo. En ciertos casos este sistema se mejoraba con una puerta hecha de hierro en las fraguas locales. En los núcleos mayores de población los hornos eran en muchos casos bienes de propios. El horno de pan no limitaba su actividad a la producción periódica de hornadas de este alimento básico, además del pan el horno con frecuencia ampliaba su utilización. Después de cocer el pan, habían de pasar al menos 24 horas para que se enfriase, período que se aprovechaba para otros tipos de cocción que no exigían temperaturas elevadas: dulces y carnes se preparaban de esta manera.

Se cuenta entre los serranos de estos parajes, que en los años en los que «las hambres apretaban» había otras modalidades del pan debido a que el trigo escaseaba porque era un bien muy valioso. Existía el pan de panizo, más o menos amarillento según la variedad del maíz, con sabor dulzón. El pan de centeno, de color muy oscuro, de difícil elaboración por su textura apelmazada. El pan de garbanzo, muy difícil también de elaborar porque la harina de garbanzo no traba y cuesta conseguir una masa homogénea por lo que a veces se mezclaba con centeno. La palma se la lleva el pan con patata, una modalidad del pan normal, que al llevar patata cocida en la masa lograba mantenerse más blando durante algunos días más.

LAS FUENTES y LAVADEROS, eran elementos esenciales en la vida cotidiana de la aldea. Destacamos:

Fuente de los Cinco Caños, Benatae. Fuente-lavadero del s. XIX de grandes dimensiones, en la parte baja del pueblo, con placeta previa y lavadero cubierto.

Manantial del Convento, Orcera. Fuente lavadero del S. XVI transformado en los años 90 en zona recreativa, originalmente pertenecía al convento de San Francisco situado en donde se encuentra actualmente la plaza de toros.

Lavadero de Segura de la Sierra. Lavadero del s. XIX restaurado, cubierto a dos aguas con gran fuente y piedras de lavar centrada en el mismo.

EL LAGAR. En las viviendas diseminadas por toda la zona es normal la existencia de un lagarillo. Es una especie de pila, aproximadamente de 2 x 2 m, de variada construcción, donde se estruja la uva destinada a vino. Unos poseen pequeñas vigas, otros disponen de prensas y en los más, se sigue pisando la uva con los pies porque el producto obtenido es de mejor calidad. Como la uva no tiene grados y no produciría buen vino, la cosecha se emplea en el destilado con alambiques que produce ese néctar llamado aguardiente. De calidad insuperable y que es, sin duda, una de las joyas de estos parajes.

MATERIALES DE CONSTRUCCIÓN DE LA VIVIENDA TRADICIONAL

Los materiales para la construcción de viviendas y anexos siempre han estado ligados al aprovechamiento de elementos localizados en la misma zona.

La piedra caliza ha sido el material base en todas las construcciones por la facilidad de obtención, resistencia y durabilidad. Esta tipología característica tiene su origen en la prehistoria ya que se utilizaba para proteger la entrada de las cuevas donde se refugiaban, dando lugar así, a las primeras formas de arquitectura de piedra donde la estética, el arte o el estilo no contaba, porque sólo se buscaba lo práctico.

Más recientemente las piedras se acarreaban con pedreras, piezas de madera que se colocaban sobre caballerías (burros o mulos).

Las piedras se recogían por los alrededores, caminos o canteras, transportándolas hasta la zona de construcción. Un duro trabajo en el que intervenían vecinos y diferentes miembros de la familia. La toba se ha utilizado tradicionalmente para reforzar las esquinas de las viviendas, también es de uso común en la construcción de hornos para el amasijo del pan, muros y otras edificaciones anexas a la vivienda tradicional. La toba es porosa, fácil de trabajar y de moldear.

Otro material utilizado tradicionalmente ha sido la madera, fácil de conseguir en casi todas partes. Constituyó un material importante en el entramado de la viguería de las cubiertas, o como pies derechos para sostener emparrados, así como en puertas, ventanas y mobiliario.

El barro o arcilla también ha sido tradicionalmente un material utilizado para la unión o casamiento de las piedras. Pueblos como los Iberos, ya construían sus viviendas con este material base que era fácil de localizar. Se preparaba en unos "amasaderos" al uso, que consistían en agujeros o cajones cavados en tierra y a veces rodeados con tablas.

El proceso de preparación era muy simple: se trataba de pisar el barro hasta que estaba suficientemente amasado para trabajarlo. Con esta argamasa se daba más consistencia a los muros y se usaba también para reforzar o tapar grietas en hornos tradicionales y edificaciones anexas más recientes.

Los adobes eran unos ladrillos macizos compuestos de arcilla y paja que posteriormente se amasaban y preparaban en unos moldes cuadrados de madera, dejándose secar al sol. Se utilizaban en la construcción de tabiques interiores, entrelazándolos y uniéndolos con cal y rollizos finos colocados en posición vertical. Recientemente se empezaron a realizar las uniones con yeso.

Los muros de piedra de antiguas viviendas serranas tenían una media de cincuenta a sesenta centímetros de ancho.

Se unían mediante argamasa y en su interior se podían encontrar huecos llenos de mortero de cal o paja. La operación tenía doble finalidad, por un lado rellenar para terminar antes la construcción y por otro, se utilizaba como aislante.

Dicha práctica también favorecía la existencia de nidos o guaridas que utilizaban ratones, aves, reptiles, insectos, una fauna que convivía junto al hombre.

Las paratas como se les denominaba a los muros exteriores de las viviendas y los muros de terrazas o poyos (destinadas a la siembra agrícola) eran de menor grosor y también de piedra.

La cal es un elemento que se extrae tras un proceso de sometimiento a altas temperaturas de la piedra caliza en unos hornos al uso, que se denominan caleras. La cal blanquea, repele el calor, desinfecta y es ecológica. Hoy en día está en auge su utilización ya que es conocida su resistencia y dureza a largo plazo.

Con la mezcla de cal y arena o cal hidráulica y cemento blanco se produce una argamasa muy resistente y ecológica. Las construcciones romanas y árabes son el mejor ejemplo de utilización de argamasas de cal y canto y de blanqueo de fachadas, costumbres que han perduraron en el tiempo llegando hasta nuestros días.

El azulete es otro componente más de las construcciones tradicionales. Fue importado a estas tierras por los primeros pobladores cristiano-manchegos, aunque con anterioridad, los árabes ya lo conocían y utilizaban con el objetivo de ahuyentar los malos espíritus, desinfectar, decorar y repeler los insectos.

Las cañas localizadas en riberas de ríos eran otra materia prima utilizada por diferentes culturas y que ha llegado hasta nuestros días, de hecho aún se pueden apreciar en algunas antiguas viviendas formas constructivas con vegetales tales como: cáñamo, jaras, retamas, conchas de pinos, juncos, esparto, centeno, etc.

Hablamos de técnicas, materiales y procesos constructivos que a diferencia de los utilizados actualmente eran más ecológicos y sostenibles.

Los techos o tejados de las viviendas tradicionales evolucionaron poco con el paso del tiempo, al principio se utilizaron fibras vegetales y maderas llegando hasta el conocido revoltón de nuestros días. Dicho revoltón está compuesto de madera, conchas de pino, cal o yeso y con forma de bóveda característica de las casas serranas más recientes.

La teja es el elemento característico en las cubiertas tradicionales, elemento que junto al blanco de la cal en fachadas son símbolos de la arquitectura o tipología serrana propia de cortijadas, aldeas o pueblos.

Este elemento constructivo se producía en las tejeras que eran los lugares destinados a la fabricación de tejas. El trabajo de tejero era otro oficio característico de la cultura tradicional.

Actualmente podemos encontrar en antiguas cubiertas de viviendas tejas con manos impresas en ellas. Ello era parte de un ritual que procede de la cultura árabe y que simboliza a la mano de Fatima. Se solía poner una teja en cada tejado para desear la protección del hogar. En otros tejados se han encontrado tejas con inscripciones o estrellas árabes y judías, así como algunos jeroglíficos.

EL HORNO DE PAN, construido a base de piedra y barro y con el interior de forma abovedada, revestido casi siempre de toba y barro. Se puede encontrar sobresaliendo de los muros de la vivienda a la que está adosado, o más frecuentemente, como una construcción independiente entre otros edificios del cortijo.

La planta de estos hornos suele ser de forma circular o cuadrada y se cubren con un tejadillo teja árabe de única vertiente.

Existen también hornos exentos que, conservan su planta cuadrada, pero se rematan exteriormente en forma semiesférica.