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Historia

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Siglo XX

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El siglo XX parece entrar bien para la economía ganadera serrana, sobre todo para la cabaña de Santiago de la Espada, contando con 60.000 cabezas de lanar, 11.000 de cabrío y 1.000 de vacuno.

Este apogeo les permitirá a los propietarios vender parte del ganado y poder adquirir terrenos de cultivo. No obstante, Segura, como zona rural, soporta el peso del caciquismo latifundista.

A principios de siglo el 50% de la superficie comarcal, por supuesto la más productiva, está en manos de unos setenta propietarios.

Ajenos a los grandes conflictos que estaban cambiando la historia de nuestro país, los serranos de Segura continuaban sacando a delante una economía familiar de pura subsistencia muy parecida a los siglos anteriores y situada entre las comarcas más pobres del país: ganado, agricultura y toda la industria conservera derivada de ello.

En las zonas del interior quizás con más desahogo que en los pueblos y aldeas del exterior más cercanos a la tensión y las dificultades desprendidas de los conflictos bélicos. A mediados de siglo la comarca de Segura alcanza las cotas más altas de desempleo del territorio nacional. La agricultura está controlada fuertemente por el régimen latifundista y las pocas alternativas industriales o de cualquier tipo, obliga a un gran número de serranos a abandonar sus casas y tierras.

Entre 1940 y 1981 emigran de la comarca de Segura más de cincuenta mil personas. Los municipios más afectados son Hornos, Santiago de la Espada-Pontones, Génave y Villarrodrigo. Los de menos emigración Orcera, La Puerta y Siles. Los planes de repoblación iniciados en los años 40 dan trabajo a gran número de personas en el interior de la sierra, pero al mismo tiempo reducen el espacio agrcola y las zonas de pastizales para el aprovechamiento agroganadero.

Todo esto añadido a la extensión del Coto Nacional de Caza y los proyectos de regulación hidráulica con la construcción los embalses del Tranco y las Anchuricas llevan consigo la desaparición de importantes núcleos de población.

Aunque tales proyectos dieran momentáneamente trabajo a gran cantidad de familias serranas, otras, como las Casicas del Río Segura, Bujaraiza o los Chorreones, etc., tendrán que buscar otra ubicación para sus hogares.

Y al final, muchos vecinos, atraídos por el nivel de vida que exige la modernidad y las penalidades que supone mantener la cada vez más escasa propiedad agrícola, abandonan la sierra para desplazarse al extranjero o a los litorales valenciano y catatalán,atraídos por la demanda de mano de obra en hostelería y en la proliferación de la industría del azulejo o a zonas del Piríneo aragonés como "pelaores". Los que se quedan aquí continuarán con un tipo de supervivencia similar a la de siempre.

Cultivan la tierra, mantienen pequeños ganados, llevan una economía familiar basada en la recolección de productos agrícolas y conservación de excedentes en forma de conservas, cuidado de animales domésticos como el cerdo, la cabra o la oveja, conejos y gallinas, además de las labores del campo con mecánica primitiva y la imprescindible ayuda de burros, mulos o caballos.

La mayoría de las personas se dedican a las tareas forestales administradas por el ICONA, la Agencia de Medio Ambiente, TRAGSA, GETISA o la actual EGMASA, en períodos determinados, para la prevención y extinción de incendios, en el mantenimiento y arreglo de carriles y caminos o en colaboración con los propios Ayuntamientos.

A finales de los años ochenta llegará la luz eléctrica a gran parte de las aldeas de la comarca de Segura así como las instalaciones de agua potable en las casas, pero para entonces algunas aldeas ya estaban totalmente deshabitadas y en algunas quedaban escasas familias al margen de cualquier servicio social, como colegios, salud, comunicaciones, etc. La única entrada de dinero que poseían era a través de algún que otro trabajo forestal esporádico, la emigración eventual en época de aceituna o de vendimia, el PER o la jubilación para la mayoría. Sólo gracias al ahorro conseguido de la emigración muchos invierten en solares para edificación, en huertas y olivar en los pueblos a donde se trasladan para disponer de mejores servicios sociales.

Recordemos una contradicción indignante: dos centrales generaban electricidad en la Sierra de Segura, la del Tranco y la de Las Juntas de Miller y ni una sola aldea disponía de luz, ni siquiera las más próximas a las mismas centrales.

A partir de estas fechas un porcentaje no muy elevado de nuevos pobladores, en busca del contacto directo con la naturaleza, dará una nueva fisonomía a la sierra, pero esto les obligará a adaptarse a un sistema tan estricto que de la euforia de la avalancha inicial sólo quedará un exiguo porcentaje adaptado a las nuevas exigencias económicas y sociales del medio.

Los avances tecnológios, la posibilidad y el deseo de equipar los cortijos con las mismas comodidades que en la ciudad, pero en compañía del paraíso perdido y sin la carga de la supervivencia, contempla una nueva perspectiva para la Sierra de Segura, no sólo para el turismo en estado puro, sino para los hijos de los serranos que emigraron, pero conservaron sus cortijos a donde cada año vuelven para disfrutar lo que en el pasado no pudieron.

Esto ha contribuido a que muchas aldeas medio derruidas se hayan vuelto a levantar. De cualquier manera, en estos momentos, el turismo es el único aprovechamiento en vías de desarrollo, ya que al comienzo del siglo XXI aún no se conoce ninguna iniciativa de tipo industrial que aproveche los recursos naturales de la zona, exceptuando algunas pequeñas empresas que dan trabajo a diez o veinte trabajadores.

Las tierras de labranza roturadas en el siglo pasado vuelven a poblarse de pinos y el ganado pasta a su aire, y al socaire de las subvenciones de la CEE, ante la mirada intranquila del pastor. La mayor parte de las labores y oficios de otros tiempos son ya fragmentos de recuerdo para los museos que habrán de venir.

La Provincia Marítima

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Mientras en las grandes ciudades se impulsa la Ilustración y la Revolución Industrial, la fisonomía de la Sierra de Segura permanece casi inmutable con una estructura de supervivencia basada en la agricultura y la ganadería, con un sistema de gestión muy anticuado.

 

La mayoría de la población activa se dedica a la ganadería y a las labores del campo principalmente a la recolección de la aceituna, cereales, forrajeras y almendro. Los jornaleros ocupan el 70% de las actividades, con lo que la mayor parte de la población sólo tiene como propiedad la fuerza de su trabajo.

En el censo de Jaén consta que de cada cinco hombres que trabajaban la tierra cuatro eran jornaleros. Y aunque la agricultura andaluza era muy productiva, el problema estaba en la apropiación y la distribución de los beneficios que, debido a un largo proceso histórico, estaban en manos de la Iglesia, la Corona, la Nobleza y los Ayuntamientos.

Existía también un grupo de arrendatarios que siempre sacaba beneficio, tanto si subía el precio del trigo como si subía la renta. Luego están los pequeños propietarios con una propiedad escasa para satisfacer sus necesidades. Y en el último eslabón, los braceros y jornaleros, sobre los que recae el peso de la explotación. El salario no le da para las necesidades mínimas y tiene que recurrir a actividades sancionadas, como el espigueo, la rebusca o el hurto de frutas.

En el siglo XVIII la economía de la madera sufre graves daños al proclamarse la comarca de Segura Provincia Marítima, por decreto de 31 de enero de 1748, que durará hasta 1836. A partir de entonces desaparece el régimen del Común y comienza una explotación privada e indiscriminada del monte, sobre el que se ejercerá una transformación, a todos los niveles. Desde principio del XVIII la Sierra de Segura se convierte en el principal abastecedor de madera, para todas las necesidades civiles o militares, de todo el país.

La explotación a gran escala comienza con la construcción de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, actual Sede de la Universidad Hispalense. La madera de Segura está cerca y es barata. A partir de 1733 grandes cantidades de madera se conducen hasta Sevilla bajo la administración del Real Negociado de Madera, dependiente del Ministerio de Hacienda.

Al mismo tiempo, los ingenieros navales se dan cuenta de que esta madera sí es eficaz para la construcción de barcos de guerra. Entre el Ministerio de Hacienda y el de Marina provocaron un enorme perjuicio en los montes, ya que su explotación fue indiscriminada e irracional hasta el punto de que, en un siglo, se llegan cortar 280 millones de árboles.


ORDENANZAS DE 1748

Las Ordenanzas de 1748, firmadas por Fernando VI, quieren poner fin al expolio que se estaba cometiendo con los montes de Segura y asegurar una racional administración de la madera. ¿Significa esto, como dice Cobo de Guzmán, que las Ordenanzas de 1580 fueron papel mojado?.

Lo que sí está claro es que en el momento en que la madera es considerada como material valioso, en cualquier época y bajo cualquier gobierno, su explotación fue siempre abusiva.Esto, aparte, todas las Ordenanzas contienen un espíritu encomiable para el cuidado y la protección de nuestros montes, y el disfrute de susbeneficios.

Transcribimos la ordenanza nº XXV: “El caudal, que cada lugar sacare de la venta de leñas, se depositará, con noticia de los Intendentes de Marina y Comisarios de Partidos, para convertirse en aumento de los plantíos comunes, o en la paga de tributos, censos y otros gravámenes concejiles, para cuya satisfacción no tengan otros propios, o arbitrios legítimos; y cuando estén desempeñados, podrá convertirse en obras públicas, y precisas, para conveniencia de los mismo lugares, proveyendo los Ministros de Marina, que hicieren las visitas, los Autos convenientes a que tengan cumplimiento esta disposición.”

O la número XXVI: “La bellota y hoja de los árboles comunes, y realengos ha de ser partible entre los vecinos de los lugares de cuya jurisdicción sean los montes, sin gravamen no contribución alguna, aunque las Dehesas me pertenezcan en propiedad, guardándose en esto las Constituciones, reglas y costumbres de los mismos lugares en cuanto no sean de más preferencia, ni distinción para unos, que para otros.”

O esta otra (XXIX): “Siendo las demás maderas gastables en los Arsenales de menos consumo que los robles: Declaro, que cada haya, alcornoque, arrasca, encina, álamo blanco o negro, se deberán pagar cuatro reales de vellón, tanto de los pies que se cortaren por mi cuenta, como por los de los asentistas y los particulares, que con permiso se valieren de los árboles para construcción de sus embarcaciones, deberán satisfacer doble precio, dejando del mismo modo, a beneficio de los pueblos, la leña menuda y ramaje que no sirviere para la construcción.”

O la XXX: “Porque la absoluta prohibición de cortar maderas y árboles podía ser perjudicial a mis vasallos, faltándoles el material necesario para la fábrica y reparación de sus casas, para molinos y otras cosas de preciso consumo de maderas, cuya falta deseo no experimenten: los Intendentes mandarán a sus Subdelegados que permitan la corta de árboles que hubieren menester, precediendo a ella que el particular o comunidad que necesite madera, la pida por escrito al Subdelegado, declarando qué porción y el fin para que la necesita.”

La Reconquista

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Alfonso VII muere en sierra Morena en 1157 con sus proyectos de conquista fracasados ante el empuje de los almohades. El reino cristiano quedó dividido, como era costumbre, en dos: Castilla para Sancho III y León para Fernando II. Luego, entre Alfonso VII de Castilla y Alfonso II de Aragón se repartieron las funciones.

Es decir, Castilla lucharía para quedarse con Andalucía y Aragón, con Levante. Pero no fue tan fácil. Tuvieron que esperar y reunirse castellanos, aragoneses y navarros para vencer a los almohades en Jaén, en las Navas de Tolosa, derrota que será casi definitiva porque los almohades se dividen y los castellanos aprovecharán para entrar en Andalucía y Murcia.

En 1214 los castellanos conquistan Segura de la Sierra. Sin embargo el control completo tardaría, porque parece que los musulmanes volvieron a conquistarla hasta que Fernando III se la entregó a la Orden de Santiago el 21 de agosto de 1241.


LA ORDEN DE SANTIAGO

Fue creada por unos pocos caballeros para proteger a los peregrinos que iban a Santiago. El rey Fernando I les concedió una serie de castillos con sede principal en Uclés.

La orden de Santiago tendrá, junto con el Arzobispado de Toledo, el papel fundamental en la reconquista de la provincia de Jaén, pero son los comendadores de Santiago los que se encargarán de administrar política, económica, religiosa y socialmente la Sierra de Segura.

En época de los Reyes Católicos, las órdenes militares poseían un importante patrimonio que les permitía mantener ejércitos privados. La Orden de Santiago terminó integrándose en el Consejo de Órdenes, creado por los Reyes Católicos, restablecido por Fernando VII y abolido por fin en 1931 con la II República.

Desde Montiel, los caballeros de la Orden de Santiago habían entrado en un buen momento económico, aprovechando la descomposición del reino de Murcia, y se van adentrando en la comarca. En 1235 conquistan Génave, Villarrodrigo, Torres de Albanchez. Torres está bajo la jurisdicción de Segura hasta 1552, año en que Felipe II la declara villa independiente.

Villarrodrigo lo fue en 1553, independizada también por Felipe II tras el pago de doscientos treinta y seis mil maravedíes. Y a Génave la independencia le costó setenta y cuatro mil seiscientos reales, donados por don Feliz Patino Buenache. Hornos fue arrebatado a Beni Hud por el maestre don Rodrigo Idáñez en 1239 y hecha villa en 1245 con la confirmación del Papa Inocencio IV en Lyon.

Segura de la Sierra, donde vivió Jorge Manrique, fue donada por Alfonso VIII a la Orden, de la que se conservan aún varias casas, la Casa Principal, Santiaguista, la de Morada y Tercia.

La misma plaza lleva el nombre de la Encomienda. En 1235 la Orden recibe los castillos de Chiclana, Torres y Hornos. En 1239, Alcaraz y Beas. Esta última fue permutada por el Canciller don Juan con la Orden y declarada villa el 3 de diciembre.

Benatae fue conquistada por Alfonso VIII en 1175 y declarada villa por Juan II en 1415. Las cesiones culminan con la de Orcera, que en 1285 pertenecía a la jurisdicción de Alcaraz, pasando en esta fecha a pertenecer a Segura de la Sierra por un privilegio de Sancho IV. La confirmación fue hecha por Alfonso XI en 1329.

Tras el pacto de Jaén (1246) Segura y su territorio no tuvieron un papel importante en la continuación de la lucha, ya que quedaban lejos de la frontera con el reino de Granada, aunque en 1342, Fernán Ruiz Tauste, comendador de Segura, comandó una expedición contra tierras granadinas aprovechando que el rey de Granada había ido a Algeciras.

Y en 1434 el alcaide de Segura, Juan Rodríguez, destacó en la conquista de Huéscar a las órdenes de Rodrigo Manrique, quien escribió su famosa carta al rey relatando los hechos.

También recibiría la zona algunas escaramuzas de saqueo por parte de los musulmanes de Hoya de Baza y de Huéscar hasta la caída del reino de Granada. En 1479 los musulmanes hicieron una incursión y se llevaron cautiva a gente de Orcera, Segura, Siles y otros pueblos.

Muchas de las torres que encontramos en nuestros pueblos, a veces incorporadas a las construcciones, eran para vigilancia. Imaginamos que los agricultores o ganaderos no estarían tranquilos sabiendo que en cualquier momento podían ser atacados.

Así vivirían dedicados a sus labores, pero dispuestos a empuñar el arma al menor toque de rebato de las campanas o a la mínima señal de humo avisando de la presencia de saqueadores. Por lo tanto era obligación del pueblo tener siempre la muralla en buenas condiciones. La Orden de Santiago multaba en caso de descuido.

Con la conquista de Granada por los Reyes Católicos desaparecen los conflictos fronterizos con lo que se eliminan las tensiones y los vecinos de la Sierra pueden dedicarse a su vida, que ni era fácil ni regalada. La paz adquirida trae consigo la explotación económica del área. Hay que distinguir entre repoblación, poblar un lugar donde hubo o hay población; y colonización, implantación de población totalmente nueva en lugares desiertos.

Restos arquitectónicos pertenecientes a la Orden: Casas de la Encomienda, Casas de la Tercia. En Génave una torre defensiva fue utilizada por la Orden como refugio; en la de la Puerta se puede ver la cruz de Santiago.

El Común de Segura

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Felipe II creó 14 ministerios para controlarlo todo desde el Escorial. Todo lo que recaudaba de América más lo que le sacaba en impuestos a la clase trabajadora (los nobles y la Iglesia estaban exentos) se lo gastaba en mantener un imperio en el que nunca se ponía el sol, porque luchaba sin descanso contra Inglaterra, Francia, el Papa, los turcos, los holandeses, contra los corsarios berberiscos y contra los moriscos de las Alpujarras.

Tal era su obsesión por dominar y sacar beneficio de todo que mandó elaborar ordenanzas para todas y cada una de sus posesiones.

Y así nacieron las Ordenanzas del Común de Segura , que en 1580 se firmaron en el Convento de Santa María de la Peña en Orcera, término entonces de Segura de la Sierra, en una época no demasiado buena para un pueblo que había padecido, pocos años antes, una plaga de peste que asoló gran parte de la población.

Hacia 1575 la situación de la comarca era más o menos ésta: Chiclana tenía 320 vecinos de los que 80 eran labradores, no acaudalados. Había un hidalgo. El resto eran jornaleros que a menudo tenían que ir fuera a buscar trabajo por no haberlo ni en la villa ni en la zona.

En Siles vivían 380 vecinos: 100 labradores. El resto, jornaleros. Había tres casas de hidalgos, pero pobres. La mayor parte de la población era considerada muy pobre.

Santiago de la Espada, que fue fundada en 1525 según las relaciones de Felipe II como colonización espontánea, contaba, cincuenta años después con 100 vecinos, de los que 66 eran "jentes de serviçio y pobre jente". Sólo 20 eran labradores y 14 señores de ganado.

Beas de Segura, la localidad más grande, tenía 1000 vecinos, la mayoría labradores. En ella había 45 o 46 casas de hidalgos, aunque había algunos ricos, cuyas haciendas oscilaban entre los 8.000 y 10.000 ducados. No existían grandes propiedades, sino "hazas e lavores".

De los 18 acaudalados que se mencionan en las relaciones topográficas uno de los principales es el convento carmelitano de San José del Salvador, sufragado por Catalina y María Godines y Sandoval, y fundado por Santa Teresa de Jesús, que permaneció en Beas desde febrero de 1575 hasta mayo.

En 1578 también lo visitó San Juan de la Cruz. Las descalzas poseían huertas, casas, olivares, viñas, bodegas, palomares.

Quizá el personaje más rico fue Juan de Andrada, que había sido alcaide de Beas y en 1575 lo era de Segura. De esta época, de estilo Renacentista, es la portada del Ayuntamiento Viejo, que hoy es Inspección de Policía. Otro acaudalado era Rodrigo de Moya que poseía tierras regadas con el río de Beas. Las demás poblaciones estaban más equilibradas socialmente.

En Segura de la Sierra, capital del partido, la mayoría son señores de ganado, el terreno no permite que haya muchas labradores. 6 casas de hidalgos y un señor de vasallos (seguramente el comendador de la Orden de Santiago) pero no había mayorazgos. Algunos se dedicaban a la explotación de la madera.

En Génave no hay hidalgos y los labradores suelen tener uno o dos pares de bueyes. En Hornos no hay hidalgos; la mayoría son labradores y no hay gente rica. En la Puerta de Segura vivía un hidalgo de 60 años y pobre; toda la gente es labradora y de trabajo. En Orcera la gente es pobre y sólo 3 o 4 vecinos poseen 2000 o 3000 ducados.

La mayoría se dedica a la labranza y otros tienen oficios dedicados a la madera: hacen artesas, sillas, sacan pez de los pinos. En Torres de Albanchez existían 5 casas de hidalgos, aunque pendientes de la resolución de la Chancillería. La gente era labradora y jornalera. En Villarrodrigo no había hidalgos; los vecinos eran labradores y algunos se dedicaban a la ganadería. En Benatae los vecinos son pobres. Sólo 4 o 5 personas tenían 1000 ducados. La mayoría eran labradores y criaban ganado; el resto, jornaleros que trabajaban tanto en el término de la villa como fuera de él.

Una muestra del poder económico de la Iglesia en la época es la inversión efectuada en obras de arte y en la construcción de edificios que se conservan en todos los pueblos de la comarca. Ya hemos hablado de Beas.

En Orcera, la portada de la Iglesia que algunos creen que pertenecía al Convento de Franciscanos donde se firmaron las Ordenanzas y por el estilo pertenece a la escuela de Vandelvira. La inauguración de la Iglesia de los Jesuitas, que hoy se dedica a obras sociales, se hizo el 25 de marzo de 1593, en él había dos cuadros: uno de un pintor italiano y otro de Sánchez Coello; ambos destruidos durante la ocupación francesa.

La Iglesia de Ntra. Sra. de la Presentación, con la portada renacentista y rehecha en el XIX, con una sola nave, con techumbre de oro y coro de madera. En este contexto económico social se firman las Ordenanzas del Común de Segura de 1580.


LA MADERA DE LA SIERRA DE SEGURA

La Sierra de Segura era la única zona de Jaén de donde se sacaba la madera para la exportación sin que ello supusiera la destrucción inmediata de los montes. Los principales astilleros españoles, situados en cantabria y en Sevilla y Cádiz, utilizaban los pinos de Cazorla y Segura. Según una cédula real de 1593 esta madera no era apropiada para los barcos destinados a la carrera de Indias.

Muchos vecinos de la comarca trabajan en las conducciones de la madera a través de los ríos Guadalquivir, Guadalimar, Tus, Segura y Guadalentín. El aguadero principal se localizaba en la confluencia de los ríos Trujala y Guadalimar, llegando hasta allí en carretas. En la Vida del escudero Marcos de Obregón, de Vicente Espinel aparecen los pineros y gancheros de Segura como hombres "fuertes de brazos y ligeros de pies y piernas; grandes madereros y sufridores de aguas, fríos y trabajos".

El comercio de la madera estaba en manos de mercaderes de Úbeda, aunque el Concejo de Segura favorecía a los sevillanos. A lo largo del curso del Guadalquivir la madera se iba distribuyendo por diferentes poblaciones. A veces se firmaron contratos de hasta 12.000.000 pinos en 8 años. Como la Sierra era deficitaria de productos básicos como los cereales o el vino, la exportación de la madera servía para abastecerse de ellos.

Así las ordenanzas del Común de 1580 prohibían a los forasteros sacar cargas sin retribuir con productos de abastos necesarios. Estaba prohibida la utilización de sierras manuales y existían aserraderos de agua. Las ordenanzas establecían un cota de corta y reservaba los beneficios a los aserraderos. Los vecinos no podían cortar en ellos para construirse sus casas. Las normas velaban para que los productos se repartieran con equidad.

La madera no podría sacarse de la Sierra en carretas porque así se almacenaba fuera y los forasteros podían comprarla sin que llegaran los beneficios al término. Los arteseros y "cadiceros" debían aprovechar al máximo la madera para que no hubiera desperdicio y los montes se vieran esquilmados. Cuando las obras de la catedral de Jaén requieren la estructura necesaria, como andamios o cimbras, fue la villa de Segura la encargada de suministrar la madera,"ordenanzas del Común de la villa de Segura y su tierra".

Las Ordenanzas las componen setenta y dos capítulos y están basadas en el fuero de Cuenca, pero ampliadas y adaptadas a las necesidades de la zona y regulan, en primer lugar, todo lo referente a la caballería de sierra, sus cooperadores, obligaciones, procedimientos a seguir, su retribución y derechos.

Luego se ocupa de las normas a aplicar a los forasteros que vengan a sacar beneficio en el término de Segura; de la regulación del aprovechamiento de las tierras, de los fuegos prendidos en labores, rozas o rastrojos o para guisar; de la corta de árboles y del aprovechamiento de la madera y su comercio y repartición por parte de los señores de las sierras de agua, de la recolección de las bellotas, nueces y avellanas, de la ganadería, de las verdas, de las fuentes, de los animales, de los frutales, caza y pesca

Un código completo para la protección y regularización de toda la actividad económica y social de la comarca de la sierra que tendrá gran trascendencia y vigencia a lo largo de mucho tiempo.

Al Andalus

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Los árabes entran a España casi por casualidad en el año 711 y se quedan en la Península ocho siglos.
La provincia de Jaén estaba dividida en coras, que eran circunscripciones territoriales constituidas en distritos, en los que se hallaban ciudades, aldeas y castillos.

El distrito de Segura pertenecía a la circunscripción de Jaén, regida por un representante civil de la administración central cordobesa. Según Mahlli, en la Sierra de Segura existían gran cantidad de aldeas, refugios y fortalezas. En el siglo XI Segura ya es famosa por ser la sede de un pequeño señorío muy influido por los taifas de Levante, en el que gobernaba Said b. Rafil.

Esta fortaleza fue incorporada con el transcurso del tiempo a las posesiones de Alí b. Muyahid Iqbal al-Dawla, señor de Denia. Cuando el emir de Zaragoza al-Muqtadir b. Hud se apoderó de los estados de al-Dawla, Segura permaneció independiente durante mucho tiempo bajo el gobierno de Siray al-Dawla, hijo de Ali.

A la muerte de Siray al-Dawla, quedaron encargados de la fortaleza y de la protección de la familia de ibn Muyahid unos siervos suyos, los Banu Suhayl (o Sahl). Estos pensaron que vendiendo las posesiones a los reyes vecinos podrían sacar buenos beneficios.

 

En el año 1079, Ammar, ministro del rey al-Mutamid de Sevilla, que ya había dado muestras de rebeldía contra su rey, conquista Murcia y decide instalarse en esta ciudad durante algún tiempo. Más tarde se dirige a Zaragoza para ponerse al servicio de al-Muqtadir.

A la muerte de éste le promete a su hijo entregarle la fortaleza de Segura, a donde se encamina para tratar la compra con los Banu Suhayl. En la plaza de la fortaleza le tendieron una emboscada y lo entregaron a al-Mutamid de Sevilla quien tomó posesión de Segura en el año 1085 .

En el año 1091 Segura es ocupada por los almorávides que se la habían disputado al rey de Sevilla, convirtiéndose la zona en región fronteriza con carácter militar, ya que desde aquí se van a producir muchos enfrentamientos entre cristianos y musulmanes. El río Guadalimar en 1132 será lugar de concentración de las tropas almorávides contra los cristianos de Toledo.

En 1140 comienzan las sublevaciones andalusíes contra los almorávides a los que se odiaba muy profundamente. Los reyes o señores de Segura y su población siempre estuvieron contra ellos. Según Emilio de la Cruz Aguilar tanto los señores como la población fueron cristianos mucho antes de la misma reconquista.

Segura de la Sierra tiene una situación estratégica, porque servía para conectar Andalucía con Levante y Granada, no sólo como control demográfico y militar sino para establecer las conexiones comerciales que exigía una tierra tan rica como ésta. Para proteger el mercado era necesario construir gran cantidad de fortalezas. Principales productos que se exportaban de la Sierra: miel, carne de cordero, madera de pino para la fabricación de vigas y pilares de construcción externa, más que para muebles finos; alquitrán y pez para la construcción naval. Según Emilio de la Cruz las construcciones de madera ya se documentan en época árabe en el siglo XI a través de los ríos Guadalquivir y Guadalimar. Minas de cobre cuyo material se exportaba al Yemen, Irak y Siria.

En la zona de Segura había un pantano construido por Hamusk, de donde viene el nombre de Amurjo, en Orcera, que regaba una lustrosa huerta. En los bosques de Segura se cobijaban los ciervos, halcones, gamos, jabalíes y corzos.

Fortalezas según las cuatro vías de vigilancia que sugiere Eslava Galán: 1) remontando el curso del Guadalimar: Bujalamé, La Puerta de Segura, Cardete, Peñafleita y Tasca. 2) Camino de Riopar a Bujaraiza: Siles, Morles, Puentehonda, Benatae, Orcera, Segura y Hornos; 3) por el Norte, a través de varios caminos secundarios, desde Montiel: Villarrodrigo y Torres, Génave, y Matamoros.

Por el Sur: el de Beas, que va al de Puente de Génave o a la Puerta. El primero vigilado por la Torre, cerca de Peñolite y el segundo por Catena, Espinareda y la Torre.