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Aprovechamientos forestales

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Los aprovechamientos forestales constituyen el tercer gran pilar sobre el que descansa la economía de la Sierra de Segura; o al menos así ha sido durante siglos. Las actividades derivadas de los aprovechamientos forestales han constituido una de las mayores fuentes de ocupación laboral y un importante factor económico para los serranos. Lo cierto es que hay múltiples causas que han llevado a la pérdida de gran parte de la importancia social y económica que los productos forestales tuvieron en el pasado; entre otras, pero ni mucho menos la única, que con la creación del Parque Natural aquellos aprovechamientos forestales que entraban en contradicción con la conservación de la naturaleza se limitaron drásticamente o se erradicaron.


APROVECHAMIENTO MADERERO

Entre los muy diversos aprovechamientos forestales tradicionales en estas sierras (apicultura, setas, betunes vegetales, plantas condimentarias, mantillos, líquenes, frutos, carbones, leñas, etc.), la madera ha sido hasta hace muy pocos años el aprovechamiento por excelencia en los montes de la comarca. No sólo por su importancia económica y social, sino también por ser una de las actividades tradicionales, legendarias e históricas que se han venido realizando a lo largo del último milenio.

En determinadas etapas históricas el aprovechamiento fue bastante correcto, y en otras excesivo, pero su influencia en la conservación ha sido insignificante, cuando no nula o beneficiosa.

Durante el último siglo, desde los años cuarenta hasta después incluso, de la declaración del Parque, el aprovechamiento fue realizado por el propio Estado, a través de la División de Explotaciones Forestales de la empresa pública RENFE, mediante un contrato establecido al finalizar la guerra civil por el cual se garantizaba a RENFE el suministro de un considerable volumen de madera, tanto de los montes públicos como privados.

El volumen anual de madera que se extraía era en ocasiones bastante elevado, si bien obedecían a los planes técnicos de ordenación de los montes vigentes entonces. La importancia socioeconómica del aprovechamiento forestal y la elaboración primaria de la madera en el pasado reciente para los habitantes de los municipios con importantes recursos forestales, era tal, que a merced de estas actividades no disminuyeron su población drásticamente en los años 60, evitando el éxodo rural acaecido en tantos otros lugares.

La extracción de este producto ha sufrido, posteriormente, un serio retroceso, debido a la evolución en la última década de la oferta de madera procedente de los montes públicos que son, con diferencia, los de mayor capacidad de producción en la zona. La disminución de la oferta de madera procedente de los montes públicos obedece a distintas causas.

Ante todo, es resultado de la supresión en 1988 del citado contrato con RENFE. Asimismo, la propia declaración del Parque Natural ha incidido en la disminución de la oferta de madera, al coincidir algunas de las mejores zonas madereras con las áreas más sensibles desde el punto de vista ecológico. De este modo, se han limitado las cortas para impedir cualquier impacto que degrade el medio natural y asegure, al tiempo, su fundamental función en el ciclo hídrico.

Otra de las causas que han tenido incidencia en la disminución de la oferta de madera ha sido la caducidad de los planes de ordenación de algunos montes con gran capacidad de producción; si bien en la fecha actual se están poniendo al día las ordenaciones, han debido esperar a la previa revisión de las existencias y el estado general de los tranzones de monte para redefinir los que son susceptibles de ser aprovechados.

A medida que dichas ordenaciones se van actualizando se puede reanudar aprovechamientos hasta ahora paralizados o que se realizan muy por debajo de su posibilidad.

De hecho en los últimos años se ha retomado el aprovechamiento de madera en algunos montes, cortándose incluso en área de reserva, con el método de "entresaca" y con un volumen extraído siempre inferior a crecimiento en volumen de la masa forestal.

Por otro lado, la oferta de madera local y nacional viene conociendo desde hace algunos años la competencia, a precios más bajos, de madera procedente de otros países. Ello ha provocado un descenso de concurrencia a las subastas celebradas en el Parque Natural, muchas de las cuales han quedado desiertas una y otra vez, a pesar del continuo descenso de los precios iniciales de tasación.

De todas formas, contribuye a esta circunstancia el hecho de la inexistencia de infraestructura e iniciativa privadas que capaces de encargarse del aprovechamiento y elaboración de la madera, probablemente debido a que la explotación maderera la viene realizando el Estado casi sin interrupciones desde hace casi tres siglos, de tal forma que no existe tradición alguna de explotación privada en la zona.

Este descenso cuantitativo de la oferta de madera se ha visto acompañado por otro cambio cualitativo no menos relevante.

Se trata de la creciente presencia a lo largo de esta última década de variedades de pino laricio (Pinus nigra), más valoradas en el mercado, en detrimento de otros tipos de madera de menor valor de mercado que se ofrecían tradicionalmente.

De este modo, el pino laricio ha incrementado su presencia en el volumen total de la oferta de madera local, pero se viene vendiendo a bajo precio y destinandose a usos poco valorados, a pesar de que la madera de este pino salgareño es una de las mejores del país. Esta circunstancia ofrece potencialidades aún no explotadas: cada vez el consumidor valora más la procedencia ecológica de los productos renovables.

La madera del Parque procede de masas irregulares, aprovechadas por el sistema de "entresaca", extraída con medios de bajo impacto y en muchos casos con tracción animal, por lo que se adapta como pocas a los requisitos para ser avalada como tal, con lo que se revalorizaría mucho el valor y la demanda de ésta si obtuviese la certificación de producto ecológico.

Los empresarios del sector justifican la falta de licitadores en las pocas perspectivas de negocio que ofrecen muchos de los señalamientos de cortas, con árboles muy distantes unos de otros y excesivamente separados de las principales vías de saca que recorren el macizo. A estas dificultades hay que sumar que la Administración, en las operaciones de corta y saca, obliga a los concesionarios a triturar los despojos generados, a conservar los caminos utilizados para la saca de madera y otras condiciones impuestas en las tareas de saca bastante restrictivas, que aunque lógicas, incrementan mucho el coste de extracción. Lo cierto es que a esto se une la falta de tradición de empresariado local que se encargue de esta actividad.

Otros tiempos y otros intereses conllevaron que el propio Estado, a través de rematantes ajenos o empresas públicas, la realizase directamente, anulando de hecho la iniciativa privada durante siglos, por lo que no resulta tan fácil la normalización de la situación. El empleo en el sector ha sido siempre hasta ahora, para los habitantes del Parque, trabajando por cuenta ajena.

Ante la falta de concurrencia a las subastas, en los últimos años el aprovechamiento maderero de algunos montes se ha venido realizando directamente por la empresa pública EGMASA, que apea y extrae la madera del monte hasta colocarla a pie de carretera, facilitando de ese modo el trabajo al rematador.

Los ingresos obtenidos por la venta de la madera son reinvertidos en mejoras en los montes. Algunas grandes cortas en montes ordenados de las Sierras de Segura y Cazorla se han efectuado con este procedimiento, lo que no ha dejado de suscitar críticas por parte de algunos sectores de la población local.

OTROS APROVECHAMIENTOS MENORES

Además de los ya reseñados, existen otros aprovechamientos de menor relevancia pero que también hay que incluir para apreciar la multiplicidad de recursos de esta comarca y sus posibilidades para contribuir al desarrollo local sostenible. Entre ellos, hay que citar los aprovechamientos de plantas aromáticas, miel, aceituna, liquen, trufa y esparto.

El aprovechamiento de plantas aromáticas (romero, espliego, mejorana y tomillo) es el más importante, teniendo en cuenta el número de montes en el que el mismo tiene lugar. Sin embargo, en todo este territorio no existe una pequeña instalación industrial destinada a la destilación de plantas aromáticas.

El producto se vende en bruto a intermediarios murcianos que, tras una ligera manipulación, lo envasan y comercializan directamente, o bien lo revenden a las industrias química y farmacéutica, nacional o europea.

El aprovechamiento apícola tiene lugar en varios montes públicos, la mayoría de los cuales son de la Comunidad Autónoma andaluza y el resto de diversos Ayuntamientos. En los primeros el aprovechamiento es gratuito, aunque está limitado el número de colmenas que pueden instalarse en los mismos.

También está limitado el número de colmenas susceptible de instalación en los montes propiedad de los Ayuntamientos. La mayor parte de la miel obtenida se vende en bruto fuera de la zona, aunque existe una experiencia de transformación local de este producto, en una cooperativa apícola que tiene su sede en el Vivero de Empresas de Puente Génave, que envasa la miel y la comercializa directamente entre los establecimientos de restauración de la zona, y tiene planes de expansión hacia otros mercados.

Entre los restantes aprovechamientos menores, el del liquen sólo tiene lugar en un monte, en el Pinar del Risco.

Por su parte, el aprovechamiento de trufas se efectúa en cinco montes de la Sierra de Segura, que en conjunto produjeron en 2001, 67 kg del producto, tasados en más de 120 €/kg, lo que supone un total próximo a los 9.000 €. Recientemente la Consejería de Medio Ambiente ha puesto en marcha en la Sierra de Segura una iniciativa inédita en Europa para reforzar las poblaciones de trufa negra. Estas actuaciones paliarán la progresiva reducción de la producción de trufa prácticamente en todo el mundo.

Se trata de un programa de dos años de duración que tiene como objetivo principal la ampliación del área natural de producción de este producto del monte mediterráneo con excelentes potencialidades gastronómicas y económicas.

Tanto es así, que está considerado el alimento más caro del mundo. Con esta actuación se restaurará, además, la cubierta vegetal y, por tanto, se contribuirá a frenar los procesos erosivos. La trufa, el producto más valioso del monte mediterráneo, resulta de un incalculable valor como banco genético y campo de experimentación para conocer su ciclo biológico original y sus requerimientos medioambientales más genuinos.